lunes, 11 de febrero de 2013

0 Lincoln, de Steven Spielberg




Soy fan de Spielberg. Ya está, no llevo dos líneas y ya lo he dicho. Creo que un buen director no es el que ha hecho las mejores películas ni el que cuenta con más obras maestras en su haber, sino aquél que tiene un balance positivo si comparamos sus grandes obras, sus simplemente buenas películas y las que son menos agraciadas; en el caso del bueno de Steven sus mejores obras (entre ellas La Lista de Schindler, Salvar al Soldado Ryan, El Imperio del Sol, Indiana Jones, Minority Report, E.T…) son más numerosas que las no tan buenas o directamente prescindibles (Hook, El Mundo Perdido, La Guerra de los Mundos…).
Y tampoco voy a negarlo: cada vez que Spielberg estrena película voy al cine con una mezcla entre alegría por poder ver una nueva obra del gran director y de incertidumbre -que se va tornando en temor a medida que llega la fecha del estreno- por si ésta supusiera el inicio del fin de su trayectoria. En fin, no puedo evitarlo.



‘Lincoln’ es una película política y no es fácilmente accesible para el consumidor medio que va al cine. Son dos horas y media de conversaciones, algunas más reveladoras que otras, pero el director está por la labor de no encadenar muchas escenas similares, intercalándolas para aliviar tensión en algunos momentos y para crearla en otros.
La trama recoge los últimos meses de la vida de Lincoln, que centró sus esfuerzos en el fin de la Guerra de Secesión y en sacar adelante la histórica 13ª Enmienda que acabaría con la esclavitud, ligada estrechamente al origen de la trágica guerra entre hermanos que se estaba desarrollando.

Spielberg siempre pone un sello en sus películas, una suerte de patrones que se repiten y que hacen que su obra sea fácilmente identificable: la brillante fotografía de Janusz Kaminski, uno de los mejores artistas a nivel mundial, la música siempre inspirada de John Williams o los momentos “dame un poco de café para tanto azúcar” que buscan la lagrimilla son algunos de ellos. Estos elementos están conjugados en ‘Lincoln’ y francamente, en una película de esta envergadura, de larga duración y con un tema lo bastante trascendental, era necesario que estuvieran presentes cada uno en su justa medida para no saturar.



En ese sentido la banda sonora acompaña aunque no tenga ningún tema especialmente memorable –sinceramente creo que no hacen falta estridencias en una película así- y deja todo el protagonismo a una cámara que siempre está donde toca, algo a lo que estamos acostumbrados en la obra de Spielberg, pero que es obligatorio mencionar y recalcar siempre. Kaminski y Spielberg han hecho otra vez un trabajo memorable. En cuanto a las escenas emotivas son contadas y llegan en el momento preciso y con mucha contundencia, aunque se agradece que no se haya intentado hurgar mucho en la herida en dichas escenas.

En una película autobiográfica cobra especial importancia el reparto, en concreto el actor protagonista. Y Steven no ha dejado este tema al azar, por supuesto. En ‘Lincoln’ encontramos dos actores que dan una clase magistral de cine condensada en los minutos que aparecen en pantalla. Uno es el sobrehumano (el papel ciertamente lo requería) Daniel Day-Lewis en la piel de Abraham Lincoln -enérgico, decidido, inspirador y con un aura que lo eleva al olimpo de los personajes históricos bien llevados al cine- y el otro es el magistral Tommy Lee Jones, en el papel de un secundario Thaddeus Stevens, que protagoniza algunas de las escenas más memorables de la película. Es curioso que estos dos auténticos monstruos apenas coincidan en una sola escena, llevando cada uno el peso de las escenas en las que aparecen por separado. Quiero destacar también a Sally Field en el papel de la esposa de Lincoln (más quisieran otras actrices poder interpretar un papel como el suyo sin recurrir a la sobreactuación) y a Joseph Gordon-Levitt. Más allá de su correcta actuación, creo que debería ganar el premio simbólico al “actor con el mejor criterio de selección de papeles de la última década”.



Mis miedos se esfumaron por completo tras los primeros minutos de la película: ‘Lincoln’ es una de las buenas películas de Spielberg. Que sea memorable o no, eso tiene el derecho de decidirlo cada uno después de verla.

Valoración: 9

domingo, 6 de enero de 2013

4 Reseña de "El Hobbit, Un viaje Inesperado"


En un agujero en el suelo vivía un hobbit
 Con esa mítica frase comienza el libro, y con esa mítica frase podría perfectamente haber comenzado la película. Pero Peter Jackson quería primero proponer un contexto y, de paso, hacer brotar la nostalgia al fan de la trilogía estrenada hace ya casi 10 años con una introducción al estilo de 'La Comunidad del Anillo' para preparar el contexto (allí la historia del anillo único, aquí la de los enanos y su huída forzada de Erebor) y para volver a poner en escena a Bilbo -en su forma anciana caracterizada por Ian Holm- y a Frodo en una Comarca que luce más bella que nunca. Con ese brote nostálgico y una sonrisa de oreja a oreja (y unas gafas 3D si se ha escogido esa opción, algo que es un acierto en esta película) nos acurrucamos en la butaca y encaramos el inicio de 'Un viaje inesperado', la primera parte de una trilogía que promete épica, fantasía y mucho, mucho fan service. Justo lo que andamos buscando.

En mi opinión, el visionado de ‘El Hobbit Un Viaje Inesperado’ no sobrecoge como sí hizo el primero en las películas de la trilogía del Anillo, en parte por la falta de riesgo en algunas decisiones del director -muchas escenas se parecen demasiado a otras ya vistas en la trilogía- y en parte por intentar alargar en algunos momentos una película que no debería ser tan larga.

Qué grande es (bueno, es un enano) el personaje de Thorin.

Algo que me tenía inquieto antes de ver la película era cómo se salvaría la papeleta de hacer trascendente una historia que, a pesar de toda la parafernalia, trata de una compañía de enanos, Gandalf y un hobbit que lo único que quiere es recuperar una ciudad de las garras de un dragón. Eso, comparado con destruir un anillo que acabará con todo mal y salvará la Tierra Media, podría quitar un poco de épica al conjunto. Y tengo que decir que se ha resuelto bien porque lo importante no es el final sino el camino recorrido (qué bien me hubiera venido esta frase para una reseña de Lost... bueno, no). En ‘Un Viaje Inesperado’ veremos muchas escenas brillantes, otras un tanto bochornosas (todo el pasaje de Radagast el Pardo) y otras que se pueden hacer aburridas ya que solo hay diálogos y la historia no avanza. Pero cómo criticar estas escenas si en ‘Las Dos Torres’ y en ‘El Retorno del Rey’ ya las había a patadas y se perdonaban hasta cierto punto.

A pesar de sus más y sus menos, esta primera parte de ‘El Hobbit’ consigue transportarnos de nuevo a la Tierra Media y transmitirnos algunas de las emociones que una vez sentimos y que esperamos volver a sentir, al menos, dos veces más en nuestra vida. Qué pena tener que esperar un año entero para continuar la historia.

¡¡Corred a verla, insensatos!!

miércoles, 21 de noviembre de 2012

0 Sleeping Dogs


Después de unos primeros minutos de juego que le hacen parecer del montón, Sleeping Dogs acaba convenciendo y mostrándose sólido en sus principios. A me ha parecido una de las sorpresas del año. Vamos a ver por qué.

Lo más atractivo de este juego enmarcado en el género de los sandbox (tipo Grand Theft Auto para los menos iniciados en el tema) es que todo es inmediato. En su afán por desviarse del mal llamado “realismo” que plaga las temáticas de los juegos más modernos, Sleeping Dogs apuesta por una vertiente más arcade en que los vehículos arrancan en cuestión de milisegundos desafían las leyes de la física, se pueden robar coches saltando desde uno en marcha (¡!) y no hay barra de cansancio que nos haga tener que esperar a que el personaje se recupere después de una carrera. Llega hasta tal punto esta obsesión por la inmediatez que incluso la búsqueda de objetos ocultos alrededor de la ciudad se facilita mostrando en el mapa su ubicación después de realizar determinadas misiones secundarias de dificultad asequible.


Sin esta soltura al hacer cualquier acción no podrían brillar las tres estrellas de la función: el protagonista Wei Shen, la ciudad de Hong Kong y el combate cuerpo a cuerpo. Wei Shen es un personaje carismático, un cliché sacado del cine asiático de acción de los 70’ y 80’, mezcla de Bruce Lee y Jackie Chan, que funciona a la perfección en una historia llena de tópicos del género con intriga policial y tríadas. Todo ello ambientado en una creíble ciudad de Hong Kong que rebosa vida. Quizás no sea como el Hong Kong real, lo desconozco, pero sí es tal como lo imaginas.


He dejado para el final a la última estrella del espectáculo, el gran protagonista de Sleeping Dogs: el combate cuerpo a cuerpo. El tortazo hecho arte. Un espectáculo de hostias. Puñetazos, patadas voladoras, roturas de huesos, asesinatos brutales usando los objetos del entorno (¡impagable el empalamiento en una cabeza de pez espada!)... El control está “ligeramente inspirado” (ejem) en el de Batman Arkham Asylum y transmite en todo momento una sensación de fluidez que convierten cualquier enfrentamiento en una coreografía de tortas maravillosa.

Sleeping Dogs es un juego divertido y ameno gracias a la variedad de sus mecánicas, pero se echa en falta más profundidad en un sistema de combate que si no es el mejor realizado en la historia poco le falta. A medida que avanza el juego y aprendemos mejores combos los combates se vuelven sencillos y dejan de ser un reto.

Al final queda la impresión de haber jugado a un videojuego más que notable, pero también de estar ante la oportunidad perdida para un juego que podría haber sido una leyenda comparable a los míticos juegos de tortazos de los 16 bits. Pero es un intento de GTA muy por encima de la media.

jueves, 20 de septiembre de 2012

0 TRILOGÍA DEL IMPERIO

Mi historia con este libro se remonta a Granada, a los tiempos en los que estaba estudiando Derecho y llevaba por la ciudad cuatro o cinco años viviendo. Las navidades de aquél fantástico curso, unos amigos que se fueron juntos a un piso, organizaron un amigo invisible (esa hermosa fiesta en la que un amigo -o no tan amigo-, te hace un regalo tras haberle salido tu nombre en un sorteo). Buscando posibles presentes que me hicieran ilusión, pues se pidió hacer una lista para facilitar la tarea del que tenía que regalar en caso de que no supiera qué podía ilusionar al receptor del regalo, me encontré con la "Trilogía del Imperio" de Asimov, lo que me llevó de tener una lista con múltiples libros a una lista monopetición. Pero por avatares del destino, en lugar del libro me acabaron regalando un fantabuloso cinturón, que todo dicho sea de paso, lo sigo usando y le tengo mucho cariño. De hecho, esas Navidades a bastante gente le dió por regalarme cinturones -se ve que o bien mi forma física sufrió un cambio notorio, o los cinturones sufrieron una suerte de moda transitoria perdida en la memoria del tiempo-. En fin, que mi amigo invisible no me regaló el libro y como en aquél entonces estaba un poco imposibilitado para ahorrar, puesto que los gastos de un universitario en una ciudad que no es la suya son variados y poderosos y tenía a Gonzo y su biblioteca por Málaga y consecuentemente no me urgía adquirir nuevos libros, fui postergando la compra y así el tiempo pasó y otras sagas empecé y el libro quedó como un punto fijo en mi lista de deseables que nunca llegó a materializarse en forma de compra efectiva; o, mejor dicho, nunca llegó a materializarse por mi parte, porque llegó Moza y con ella regalicos esporádicos hermosos, entre los que han figurado El juego de Ender, Oliver Twist o la Trilogía del Imperio. Y así fue como, unos cinco años después de haberme encaprichado con la Trilogía del Imperio, cuando toda esperanza estaba perdida, me hice con un ejemplar.

Trilogía del Imperio nos cuenta tres historias en tres libros distintos (polvo estelar, las corrientes del espacio y un guijarro en el cielo) bastante distanciadas temporalmente cuyo punto de conexión es la formación y desarrollo del Imperio Galáctico de Trantor a lo largo de los siglos difiriendo tanto los personajes de cada uno de los libros como el lugar en el que transcurre la acción. Para los que hayan leído otras obras del autor, tal vez les interese saber que se ubicaría entre los libros de los robots y la saga de la Fundación.

Polvo estelar nos sitúa en un universo "preimperial" (y, ojo, lo entrecomillo porque hay un imperio, pero no es el de Trantor, sino el de Tyrann), en un tiempo en el que el universo no ha olvidado que en la Tierra empezó la conquista del espacio y donde un jóven Biron Farrill se verá obligado a huir del imperio Tyrann tras sufrir un atentado en su habitación que pondrá en riesgo su vida.

En honor a la verdad, la sensación que me dejó el primer libro de la trilogía fue la de tremenda decepción. El final no sólo me resultó muy precipitado, con una visión demasiado engrosada del poder real de un documento -que no diré cuál es por evitar revelar el final del libro-, sino también por unos personajes que no terminaban de convencer, bipolares hasta decir basta y mal desarrollados. En resumidas cuentas: no era en absoluto el libro que me esperaba y menos sabiendo que era coetáneo a la escritura de Fundación -eso sí, a su favor hay que destacar que no se hizo tedioso en ningún momento y su lectura fue bastante amena- Por suerte, este jarro de agua fría no me desanimó a continuar leyendo y el segundo libro superó todas las expectativas creadas tras la conclusión del primero.


Las corrientes del espacio se sitúa temporalmente cuando Trantor como Imperio cuenta con cinco siglos y domina gran parte del universo. La acción transcurre en Florina, un planeta que es el único del universo en el que se puede cultivar una fibra llamada kyrt, lo que lo convertiría en un planeta tremendamente rico de no ser porque está dominado por el planeta Sark, siendo los florinos poco más que esclavos. Tras el prólogo nos enteraremos que el planeta está a punto de sufrir una catástrofe y está a punto de ser destruido, pero el único que podía poner sobre alerta a la población ha sido sometido a la sonda mental, lo que lo deja en un estado de amnesia total, olvidando incluso cómo se habla.

Si el primer libro me dejó con un sabor de boca amargo, el segundo me encantó. Unos personajes bien desarrollados, una trama sólida, con un final inesperado que te deja con la sensación de "bien, Asimov, BIEN, me la has vuelto a colar", -a veces me da la sensación que Asimov se inventaba algunos finales sobre la marcha con los elementos que tenía escritos-, el estudio de la sociedad oprimida y las consecuencias de esta opresión, así como la lucha política de fondo de Trantor y Sark por hacerse con Florina para explotar el kyrt, son, desde mi humilde e inexperto punto de vista, brillantes -y más si tenemos en cuenta que el libro se escribió en los años 50-

Un guijarro en el cielo nos cuenta la historia de Joseph Schwartz, un sastre de Chicago del siglo XX, que por una serie de catastróficas desdichas, viajará al futuro unos cuantos milenios, a un tiempo en el que la Tierra es radioactiva y el universo ha olvidado que fue el planeta donde todo se originó, siendo sus habitantes discriminados por el resto de planetas por la radiación.

De los tres, posiblemente sea el que más me ha gustado. La evolución del protagonista, que ve con extrañeza el mundo radioactivo que ha aparecido ante sus ojos tras dar un paso y se va adaptando a su entorno es sublime. Por otra parte, la conexión (o autoconexión, porque no sé si era la intención de Asimov pero yo me la planteo como tal) con la saga de la Fundación se hace palpable no sólo en Trantor, sino también en la aparición de un personaje que irá desarrollando ciertas... habilidades. Y no diré mucho más para no meter más spoilers, que me da que alguno con cierta sensibilidad spoilística puede estar sufriendo espasmos delante de su pantalla con las últimas letras que he escrito.

La Trilogía, que realmente no es una trilogía, en tanto que tal y como he mencionado unos parrafillos más atrás, no existe realmente una conexión entre los libros que la componen -o, al menos, no existe más conexión que la que existe con otros libros de Asimov en los que se trata de la historia de la humanidad y su expansión por el espacio-, no es ni mucho menos lo mejor del autor, pero son muy disfrutables. Aunque cierto es que Polvo estelar flojea bastante, dudo que, en general, decepcione a los que disfrutaron de sus obras anteriores, destacando de los libros el estudio sociológico que realiza Asimov de la sociedad futurista que ideó, creando una suerte de símil con la situación sociopolítica existente en el siglo XX, las tramas y subtramas y los desenlaces tangenciales.

Como curiosidad, Un guijarro en el cielo fue el primer libro de la trilogía que escribió Asimov (1950), siendo el último Las corrientes del espacio (1952).

NOTA: 7,5/10

martes, 29 de mayo de 2012

1 La sombra sobre Innsmouth, de H.P. Lovecraft

Era como si yo mismo tuviera de ellos una vaga memoria, remota y terrible, que emanase de las células secretas donde duermen nuestras imágenes ancestrales más espantosas. Me daba la impresión de que cada rasgo de aquellos horrendos peces-ranas desbordaba la última quintaesencia de una maldad inhumana y desconocida.


Llevaba ya un tiempo con ganas de leer este relato de Lovecraft y, aunque leí hace unos años los ‘Mitos de Cthulhu’ y ‘En las montañas de la locura’, misteriosamente no empecé por esta novela corta que fue la única que se publicó durante la vida de H.P. Lovecraft: 'La sombra sobre Innsmouth' (1931).

El centro de la historia es el protagonista, que narra los hechos acontecidos durante su travesía forzada por las calles de Innsmouth –él solo quería viajar al pueblo de Arkham de la forma más económica, en un autobús con parada en Innsmouth-, hechos que más adelante explicaría al Gobierno y derivarían en el envío de agentes al pueblo agentes para investigar la situación. Hechos que no suceden durante el relato pero que el protagonista da a entender que sucedieron.

Destacaría varios momentos en la historia: el encuentro del protagonista con el controvertido e inquietante personaje de Zadok Allen, fundamental para conocer la historia de la ciudad y ayudar a comprender el origen de sus habitantes. Es en esta conversación donde aparecen algunos de los elementos clave de la cosmología lovecraftiana: los Profundos, Dagón e incluso Cthulhu. También es digna de mención la huida desesperada del protagonista una vez revelada la naturaleza hostil de los seres que habitan Innsmouth. Y otro gran momento en mi opinión sucede al final del relato (y prefiero no revelarlo aquí por razones obvias).

Lovecraft se presenta en su primera novela corta como un autor que sugiere más que explica y que pese a no ser un escritor que utilice una prosa muy rica, sí que consigue inquietar al lector con descripciones sencillas pero efectivas hasta el punto de encontrar varias veces en la obra palabras como “inenarrable” o “increíble”. Pero sin duda el gran triunfo conseguido por Lovecraft en sus relatos es la capacidad de haber creado en ellos un universo único que combina religión, criaturas sobrenaturales, mística, esoterismo o conocimientos prohibidos y no sólo eso, sino también de haberla explicado con base científica mezclándola y confundiéndola con la realidad haciendo que resulte creíble.

En definitiva, ‘La sombra sobre Innsmouth’ es el túnel en el que hay que aventurarse para empezar a conocer la mente de H.P. Lovecraft, para descubrir su genialidad (o locura) y, sobre todo, para pasar un rato entretenido leyendo una obra que no se lee; se devora compulsivamente.

martes, 20 de marzo de 2012

2 EL REY DEL INVIERNO


La primera noticia que tuve de la que ha sido tildada por muchos como la mejor obra de Cornwell, me llegó gracias al legendario hombre del Clot, que en su momento me lo recomendó por ser un libro al que le tenía especial cariño -de hecho, a no ser que otro haya tenido el honor de desbancarlo, es su favorito-. Y como Evaristo es un hombre tremendamente sabio al que hay que hacerle caso en la mayoría de las recomendaciones que formula, tomé nota mental y se lo encargué a los Reyes Mágicos para que se lo trajeran a mi hermana, pero como en aquél entonces tenía a una hora de distancia la biblioteca de mi orangután vasco Gonzo, y estaba dando saltos de caballo entre los Yuuzhan Vong, el Mundodisco y Drizzt Do'Urden, no veía cercana la hora de retomar la novela histórica. Pero el año pasado Gonzo me abandonó y con él se fue su biblioteca y así pude sacar un hueco para leer la primera de las novelas de las "Crónicas del Señor de la Guerra", un libro de algo más de 600 páginas que me ha durado poco más de dos semanas, y es que peoplelotzi, el Rey del Invierno es dronja dura en el colacau.

De la mano de Derfel Cadarn, un personaje ficticio basado en la figura de san Derfel Gadarn, nos adentraremos en la Britania del siglo VI d.C., donde redescubriremos, desde un punto de vista totalmente distinto al que estamos acostumbrados y que se hace patente desde la primera página, la historia del rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda. y es que para empezar, Arturo no es rey ni tampoco es un romano (a diferencia de lo que se reflejara en la nefasta película de Antoine Fuqua), es simple y llanamente un señor de la guerra britano, que no es que sea poco, pero de dux bellum a rex habemus un paso. Y las diferencias no acaban ahí: Camelot no existe como tal, Excalibur no es el verdadero nombre de la espada de Arturo y no la saca de ninguna piedra, no hay mesa redonda... Pero no os creáis que esta desvinculación con la "visión tradicional de las leyendas artúricas" no debe considerarse como un punto negativo, ya que es más bien todo lo contrario, pues relatar desde un prisma completamente distinto unos hechos más o menos conocidos y que pueden haber sido vistos o leídos en alguna que otra ocasión, ayuda al lector a sumergirse en la lectura sorprendiéndose y dejándose maravillar con las situaciones, batallas y personajes que crea Cornwell.

En resumidas cuentas: un libro magnífico que disfruté leyendo de principio a fin -aunque lo que más disfruté fueron las batallas y la introducción de algunos personajes como Merlín o Lancelot-, relativamente extenso, aunque de muy fácil lectura y cuya segunda parte leeré con ganas una vez termine la Rueda del Tiempo.

 NOTA: 9,5/10

lunes, 16 de enero de 2012

2 The Elder Scrolls V: Skyrim - Primeras impresiones


Dovahkiin, Dovahkiin
naal ok zin los vahriin
wah dein vokul mahfaeraak ahst vaal!
Ahrk fin norok paal graan
fod nust hon zindro zaan
Dovahkiin, fah hin kogaan mu draal!

Skyrim, la región situada más al norte de Tamriel, se encuentra en plena guerra civil entre el Imperio, con capital en Cyrodill, y los Capas de la Tormenta, nombre bajo el que se agrupan los rebeldes que luchan por conseguir la libertad en el norte, lo cual representa una analogía del imperio romano en su lucha contra los germanos.
Con este telón de fondo comienza el juego. El protagonista es llevado a su ejecución (no sabemos cómo hemos llegado hasta ahí) y, justo cuando el verdugo se dispone a poner fin a su vida con su hacha, entra en escena el elemento fundamental de la historia: un dragón dispuesto a acabar con todos. Los dragones han vuelto a pesar de creer que estaban extinguidos, y sólo hay una persona capaz de detenerlos: Dovahkiin, el Sangre de Dragón.
Y ese somos nosotros.

He titulado el post como “primeras impresiones” porque, a pesar de haber jugado ya más de 50 horas, no he podido completar ni la mitad de lo que ofrece este enorme título. Mucha culpa de que lleve tanto tiempo jugando la tiene su increíble diseño. Y es posible que varias de esas horas me las haya pasado babeando contemplando los bellísimos paisajes que forman el mundo de Skyrim, no lo niego.
No sólo las montañas, ríos y bosques son espectaculares. Las ciudades están recreadas con todo lujo de detalles; quizás falta algo de vida en ellas pero ya es mucho más que lo que ofrecían las sosas ciudades de la cuarta entrega, Oblivion. Las mazmorras de la historia principal son muy inmersivas, no tanto las secundarias, algo repetitivas. La banda sonora es de esas que podría pasar perfectamente como partitura de cualquier superproducción de cine candidata al Oscar.
El juego permite muchísimas posibilidades. Ya desde el principio creamos a un personaje definiendo todos sus rasgos físicos. Más adelante, durante el juego, decidiremos cómo queremos que sea nuestro personaje a medida que realizamos las acciones necesarias para subir un parámetro, como pueden ser el dominio de armas a dos manos, de la armadura pesada, de magia de restauración, habilidades para abrir cerraduras... Cuanto más hagamos una de esas acciones, más nos iremos especializando en ella.

Haz click para ampliarla. Ahora imagina cómo sería si el agua, los árboles, las nubes, todo, se estuviera moviendo. ¿Lo tienes? Pues bienvenido a Skyrim.

Mención especial merece la historia, o las historias, porque cabe decir que este es de los pocos juegos en que la historia principal, a pesar de ser absolutamente épica, no es esencial seguirla para disfrutar del juego al 100%. Personalmente he hecho apenas cinco o seis misiones principales y el resto del tiempo lo he dedicado a seguir la historia de dos de los cuatro gremios de Skyrim: el de Compañeros en Carrera Blanca y la escuela de Magia de Hibernalia (nombre que rinde un bonito homenaje a la saga de Canción de Hielo y Fuego), además de otras tareas menores. Todas ellas son entretenidas y tienen el suficiente poder argumental como para poder ser consideradas como juegos independientes.
Así que, con lo que llevo jugado, puedo decir que Skyrim es, un juego enorme, ambicioso, épico, muy divertido y en el que cada partida es única. Pon una señal en el mapa a una distancia considerable y dedícate únicamente a conseguir llegar al destino. Te perderás en cuevas que verás por el camino y en las que no podrás evitar entrar para explorarlas... Quizás te asalte un dragón; sus apariciones por sorpresa derivan siempre en combates épicos en los que los pelos se te pondrán de punta. Quizás mueras atacado por un gigante (y salgas volando por los aires literalmente xD) y, cuando consigas al fin llegar a tu destino, habrás tenido una experiencia única que quizás no se vuelva a repetir.

Y lo que me queda todavía por descubrir...

 

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